Después de trajinar por medio día
lidiando sinsabores del destino
soslayo lo desierto del camino
paisaje que de gala carecía.
Es rabia que sucumbe en agonía
en trance por jugar al adivino
ansiando que el trayecto vespertino
se torne en el final de profecía.
Recuerdo la vereda de hace años
vergeles por doquier en la subida
ahora de bajada, con regaños
la debo recorrer en gran medida
y veo al horizonte sin engaños
me resta concluir: ¡ Así es la vida !
El Armador de Sonetos.