
PARTE UNO.
Y cuenta la leyenda denostada
que dentro de la torre del palacio
vivía recluída en breve espacio
la joven, por sus padres castigada.
Sufrió su corazón con la llegada
del príncipe, que inicia cruel prefacio
-sutil amor, cariño por Horacio-
y sueña con su beso, desdichada
Cautiva continuó por sus mentores
el tiempo por su piel se le revierte
prosigue ensimismada en sus fervores
soñando con el día que por suerte
llegara el caballero con amores
a darle el tierno beso ante la muerte.
PARTE DOS.
El día de la cábala llegó,
rezando la princesa se encontraba
su madre la noticia confirmaba
el rey, a fin de cuentas ya murió.
Y presto al buen Horacio se informó
después de tantos años, él le enviaba
hermosa flor y carta perfumada
a diario, pero nunca las leyó.
Así lo condujeron frente a ella
llegando junto al lecho mortecino
sus ojos la miraron más que bella
brillando con semblante tan divino,
se había consumido ya su estrella
y él se devolvió por donde vino.
PARTE TRES.
El tiempo acometió con rapidez
los años se volvieron un instante
Horacio, con lo triste del semblante
fallece sin vivir apenas diez
Y suerte que la vida en sencillez
camino de la Gloria cautivante
permite ya, la entrada al visitante
con paso que denota impavidez.
Radiante la encontró, inmaculada
con noble corazón aletargado
sonrisa en flor y límpida mirada.
Se acerca con cautela fascinado
lo abraza dulcemente enamorada
y brota el tierno beso postergado.
El Armador de Sonetos.
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