
Divina juventud que nunca olvido
me hiciste disfrutar en el ayer
amores con aroma de mujer
y besos de sabor desconocido.
A golpe de querer lo que no he sido
pretendo de la vida merecer
que vuelvas en mi cuerpo a florecer
sin cuenta del camino recorrido.
Divina juventud el más preciado
y más despilfarrado caballero.
¿Por qué se desvirtúa demasiado
talante que no compra Don Dinero?
Te llora el corazón desmotivado:
¿Será por presentir que ya me muero?
El Armador de Sonetos.