
-Tu día se llegó-, ¡maldita muerte!
hablando suavemente me lo dijo:
-Despídete por fin del regocijo
de vida que llevaste, ¡mala suerte!-
Inútil el pensar en que despierte
rezando con temor al crucifijo
-Ni pienses en buscar un escondrijo
de todas las maneras va a dolerte.-
Tomándome la mano la Catrina
la sigo y con temor nos retiramos
el rumbo desconozco; por la esquina
pregunta tan feliz, si nos casamos;
de entrada me latió tan mala espina
quizás a lo mejor, nos divorciamos.
La idea no perdamos:
Es mejor el morir con dignidad
que vivir sin creer en la verdad.
El Armador de Sonetos.